miércoles por la tarde. suena mi teléfono, es el jefe de información de la oficina, con una “misión especial” para mí: una entrevista con el embajador de palestina. quisiera pensar que estoy asignada por mis vastos conocimientos sobre el conflicto entre israel y palestina, pero en realidad es por que soy quien mejor domina el inglés.
recuerdo al embajador said hamad bailando dabke con nosotras en un evento que organizó la embajada en septiembre pasado, lanzando yallahs en el centro de la ronda. sin embargo, en sus últimas apariciones en televisión el brillo que aquella vez tuvo en su mirada estaba apagado y su rostro lucía compungido y hasta adolorido. había escuchado opiniones no muy favorables ante su gestión, pero ahora mi percepción había cambiado.
jueves. las horas previas a la entrevista me parecieron eternas. preparé mis preguntas en inglés y me preparé mentalmente para no sufrir el efecto halo (dejarse apantallar por el entrevistado). el trayecto desde coyoacán hasta la zona de reforma me pareció eterno, por el tráfico y un principio de gripa que quizá se debió a despertarme temprano a bañar luego de una terrible noche de insomnio. repasé mentalmente una y otra vez mi cuestionario buscando errores gramaticales y perfeccionando mi pronunciación para no parecer egresada de alguna escuela de inglés patito.
antes de llevarme a mi cita, nuestro vehículo tenía que hacer escala en la embajada israelí para dejar a mi jefa. al llegar a su sede, lo primero que nos recibió fue un retén quasi militar que nos hostigó solicitando nuestras identificaciones, como si fuéramos terroristas. tienen miedo, y con razón.
por fin llegamos a mi cita. la embajada de palestina está ubicada en un modesto edificio de departamentos. el espacio y el personal son escasos y austeros. pido permiso para pasar al baño, y me llevan por una cocina destartalada, junto a las lavadoras…como si fuera una casa cualquiera.
las paredes de la pequeña recepción (un escritorio y dos sillas) están decoradas con la bandera palestina y un cuadro donde sobre ésta se dibujan los rostros de héroes, supongo, de la resistencia palestina. el único que puedo ubicar es yasser arafat, creo que mis conocimientos no son tan vastos.
nos presentan al embajador, me ofrece que el becario de la embajada ayude a la traducción, pero prefiero ser yo quien interprete. aunque traté de vestir lo más correctamente posible, la blusa me juega una mala pasada y desliza para dejar ver un poco de busto, detalle que desafortunadamente noté hasta que llegué a la sala de edición.
comienza la entrevista y titubeo levemente al hablar. es verdad, estoy nerviosa pero no puedo permitir que esto afecte mi desempeño. el embajador habla sobre la dramática situación en gaza: cientos, casi un millar de muertos, escasa si no es que nula ayuda humanitaria y médica, pánico y caos en la zona. el escritor británico john berger afirma que por cada israelí muerto hay 100 palestinos, el embajador concuerda con esta opinión. llama visionario a hugo chávez, ya que es el único que se ha dado cuenta que la única manera de castigar a israel es a través de sanciones diplomáticas y económicas. compara la resistencia palestina con la resistencia a la ocupación de méxico por los españoles, franceses y estadounidenses “y nadie llamó a miguel hidalgo terrorista por eso”.
en algún momento de la conversación sentí las lágrimas colmar mis ojos. el embajador había estado hablando del sufrimiento del pueblo palestino y tuve que hacer acopio de toda mi objetividad y fuerza para evitar que el ser humano ganara al periodista.
termina la entrevista, estrechamos la mano y guardamos el equipo. siento que quisiera hacer más por esta causa que desde adolescente he apoyado, pero desde mi trinchera no puedo hacer más que comunicar.
dejamos atrás el modesto departamento, las fotografías del embajador junto a yasser arafat y a dos curiosos que preguntaban cómo poder ayudar a los habitantes de la franja de gaza. regresamos por mi jefa a la embajada israelí: “nos tomó más tiempo pasar los retenes que lo que nos llevó la entrevista”.
de vuelta a la oficina una frase retumba en mis oídos: “sólo estamos respondiendo ante un ejército invasor”.