mucho se ha hablado desde el viernes pasado sobre la redada el operativo que se llevó a cabo en un antrucho de la delegación gustavo a. madero, que terminó convirtiéndose en una lamentable tragedia – que ahora es usada para golpear políticamente al gobierno del distrito federal.
todo empezó con la endémica corrupción y mediodridad mexicanas. en primera hay que preguntarse cómo es que logró operar un sitio que no tenía el acondicionamiento adecuado para ser un bar, y mucho menos albergar a tanta gente.
se achaca la tragedia, y con justa razón, a la mala planeación del operativo. para empezar, si se tenían denuncias vecinales sobre ilícitos cometidos por la administración del lugar, ¿era necesario aprehender y acusar a los parroquianos, desplegando a más de 200 efectivos policiales al sitio?
según el código penal federal y el del distrito federal, los menores que consumen sustancias prohibidas para ellos no son considerados delincuentes, entonces ¿por qué darles ese trato?
los servicios de “inteligencia” de las policías fueron incapaces de prever la reacción que tendrían cientos de adolescentes intoxicados ante la presencia policial, que el sentido común nos dice claramente que no sería de tranquilidad y mansedumbre ante el riesgo de verse detenidos, fichados, multados y hasta extorsionados por algo que no es considerado un crimen ni un delito.
¿no hubiera sido más sencillo y menos peligroso hacer una verificación efectiva, detener al administrador [quien es en primera instancia quien está cometiendo un delito] discretamente y clausurar el antro? no. la idea de este tipo de operativos [al que se suma el hostigamiento del programa unipol] es salir en la tele para demostrar a los ciudadanos que sí se está trabajando.
así vemos que la moda de hacer las cosas para que salgan en la tele alcanzó al gobierno capitalino, sólo que le salió el tiro por la culata, a expensas de jóvenes que buscaban insana diversión y sus propios policías.
se señala como culpables y responsables de estas muertes al dueño del bar, alos cuerpos policiacos y hasta a la administración delegacional y capitalina.
yo en lo personal apunto mi dedo acusador al absurdo de tratar a estos jóvenes como si fueran delincuentes. estoy segura de que, si se les hubiera permitido salir sin ser acusados o detenidos no se hubieran apretujado para escapar.
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