después de una hora de camino llegamos a tláhuac, la consigna era simplemente hacer tomas del lugar, de los ejidos en disputa, y regresar a tiempo para la siguiente orden de trabajo. letreros y bardas pintadas a favor y en contra de la construcción de la línea 12 del metro aparecen en cada esquina, pero conforme nos acercamos a los ejidos el contra lleva la delantera.
la entrada está casi tapizada con loas zapatitas y oposición a la expropiación, en defensa de los usos y costumbres, tratando de crear conciencia en los ejidatarios “el dinero que te pagarán compensará perder tu patrimonio?”.
al final de un pasillo entre las milpas, un grupo de ejidatarios está reunido en torno a una enorme olla de café. como era de esperarse, al ver la cámara y el micrófono se ponen a la defensiva. no puedo negar que siento un poco de angustia, mezclada con nervios de novata. explicamos que sólo nos interesa su opinión, sin mayor compromiso, mas algunos se negaron a hablar hasta que no llegaran “los líderes”.
un anciano enjuto y bronceado por la vida del campo se atreve. con la paciencia que sólo los años saben dar, me dice que no están en contra del metro, sino que protestan porque los supuestos representantes de sus intereses no lo son. llega una mujer, mucho más joven, y con pasión defiende su tierra “no vendemos, nadie va a vender”. por último se acerca otro hombre de palabra fácil y encendida. habla con valor y furia, despotricando contra los “falsos líderes” y afirmando que nadie se echará para atrás.
al parecer nos ganamos su confianza y simpatía. nos permiten pasar a grabar y nos invitan un café y una concha donada por una panadería que los apoya en su resistencia. el camarógrafo y yo caminamos dentro de las milpas, grabando a los campesinos trabajando, sus viviendas humildes…entonces corre hacia mí otro ejidatario: “vengan a ver a los granaderos”.
se siente una tensa calma, mientras nos acercamos a la zona ocupada nos platican que la madrugada del martes los granaderos irrumpieron en el ejido y levantaron vallas, que cada vez se apropian de más y más terreno. recordé a los palestinos, los libaneses y los saharauis que han despertado para encontrar una valla a la mitad de su patio, coronada con una bandera israelí o marroquí.
me siento como en zona de guerra, tres helicópteros sobrevuelan los terrenos, mi guía me comenta el caso de uno de sus compañeros al que los granaderos se le metieron, literalmente, hasta la cocina. ”también nos taparon el canal para que ya no podamos regar”, quiénes? “los de ica”.
nos topamos con un par de policías montados en caballos que viene hacia nosotros. me escondo detrás del camarógrafo y le pido que tenga bien visible su credencial que dice prensa. pasan de largo y nos miran con la arrogancia que les da llevarnos la ventaja por 160 centímetros y media tonelada. una señora comenta “a un compañero le echaron los caballos, se pusieron todos alrededor de él y se los aventaban”, sólo amenazaron, pero ya con eso basta.
a lo lejos, vemos la valla montada por las fuerzas del orden, que galopan despreocupadamente detrás de ella. al paso de los helicópteros, la misma señora comenta: “ahí ha de venir calderón o ebrard”. no, ellos no, pero quizá sí algún jefe que organice la avanzada de la policía ocupante.
finalizamos la grabación sin mayor incidente. nos tomamos unos minutos para charlar con la gente, off the record. están dispuestos a llegar a las últimas consecuencias, dicen, y entre risas comentan “si alegres en los carnavales echamos balazos, imagínese ahora enojados”.
nos vamos, y sólo puedo pensar en qué es lo que pasará ahí. la historia nos ha enseñado que el poderoso (económico, coercitivo) siempre triunfa. quizá pronto llegue el progreso a la mala, y probablemente no salga limpio de sangre. siento ganas de llorar, pero me contengo…si dejo que las cosas me afecten así no duraré mucho en este medio, rápido a cubrir el siguiente evento, ya otro día alguien más se ocupará de esto…
…yo, por ejemplo.
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