esto es un experimento. todo aquel que haya trabajado como reportero sabrá que la nota es, con suerte, una cuarta parte del hecho y que muchas veces lo más jugoso se queda fuera del “reporte oficial”. así que este es mi contrarreportaje [así como el contraespionaje], donde digo lo que oficialmente no puedo decir.
reforma rebosa con la muchedumbre que se congrega para ver a sus ídolos. en los puestos de control al público en general se revisa que los refrescos no traigan piquete, pero los colegas de los medios pasan sus cervezas sin problema. es fin de año y hay que brindar, aunque sea con sol limón y sal.
es un evento masivo más, el frío de la última noche del año justifica un traguito de tequila [con moderación porque hay que hacer entrevistas y el aliento es importante], y también justifica buscar un poquito de calor humano mezclándose entre las familias que aprovechan que el evento es de a grapa.
desde el nivel de piso veo salir a los conductores, cada uno en el papel que le corresponde: el guarro, el fino y la atractiva visual. los chistes fáciles flotan como el aroma de los atoles, uno avienta tutsis a la masa de ilusionados fanáticos mientras esperan que salga el que iba a ser cura pero terminó cantando secreto de amor. las tetas parlantes la conductora femenina lo presenta. ahora sí todos a cantar y bailar.
algo me dice que trae paleros, porque es mucha coincidencia que justamente la señora que le pidió una canción se llame igual que la canción que tenía ya preparada. antes de eso ya se había subido una mujer a la que le cantó [y con justa razón] chaparrita cuerpo de uva, quien supuestamente se subió de entre el público.
joan sebastian pide a cada rato que le suban al monitor, y con razón… desde abajo del templete donde está cantando, donde no se escuchan las distorsiones de los bajos y los agudos y es casi casi su pura voz, los alaridos demuestran que tiene un ingeniero de sonido muy bueno, capaz de ecualizar in situ su cascadota voz.
el tronido de los bafles es insoportable, no sé porqué en los conciertos guapachosos [y en uno que otro medio nice] mientras más truenen los bajos la gente se prende más. el aura de mi migraña me exije moverme, y me retiro al lounge de prensa a comer queso y beber un traguito de tequila, pa’guantar el frío de la noche.
se prepara la entrada de los tigres. las tetas parlantes la conductora femenina arenga a la multitud a gritar el primer nombre de esta popularísima banda, quienes previo a su número aprovechan para pasar un autopromocional con más efectos que un comercial de mtv. por fin se abre el extraño telón y salen los esperadísimos y exitosísimos paisanos. nunca los había visto en vivo, pero me causaron buena impresión, aunque no son mi estilo.
la cuenta regresiva, el mensaje de buenos deseos y bla… comienzan y terminan 15 minutos de juegos pirotécnicos y papirotecnia, al ritmo del general, gloria estefan y el clásico no olvido al año viejo. 15 minutos de desconcierto también entre los aclamados tigres, quienes se miran intrigados, aún en el escenario, aún con sus instrumentos al hombro, sin que se les permita salir, bajar, cantar o algo… los 15 minutos más incómodos de su vida, seguramente.
pasado el trago amargo vuelven a entregarse al público. el templete de prensa está semivacío, salvo por una pareja que baila al ritmo de la banda, rodeando un montículo de colillas de cigarro, latas de cerveza y botellitas de sky vacías.
al salir de entre la multitud el frío cala hasta el alma. algunos colegas se lo quitan a punto de ron y tequilas. los tigres cumplen con su promesa de tocar lo que el público les pida y hasta que el público les aguante.
yo me voy a dormir sin cenar, el trabajo ha concluido.